27 ago. 2012

Crítica 5 temporada True Blood



Extraordinaria esta última temporada de True Blood. Desde luego, Alan Ball se va con los deberes hechos y dejando el listón muy alto al que le suceda como showrunner. 

Las últimas temporadas habían resultado ser bastante flojillas, bien sea porque los guionistas ya no sabían contra qué monstruos se tenía que enfrentar Sookie, bien porque ya no se podía sacar más partido al triángulo amoroso Bill-Sookie-Eric. 

Por suerte, en esta temporada, los personajes principales experimentan un cambio radical. Para empezar, el interés de Bill y Eric por Sookie pasa a un segundo plano para centrarse en una trama mucho más compleja y, desde mi perspectiva, con mucha más miga. Las altas esferas del mundo vampírico son las encargadas de velar porque la relación entre vampiros y humanos sea sostenible y ambas especies vivan en armonía. Sin embargo, están preocupadas por la popularidad que está alcanzando entre sus congéneres la idea de volver a alimentarse de los humanos. Esta postura va acompañada, además, de la creencia en la superioridad de los vampiros sobre la raza humana lo que puede llevar a la total aniquilación de estos últimos.

Como siempre, junto a este arco argumental principal, hay historias secundarias (algunas mejores que otras). Para mi gusto, la trama del Ifrit es totalmente prescindible y, desgraciadamente, desluce un poco la temporada. Por suerte, no dura demasiado.

En definitiva, intriga, acción y un trasfondo bastante elaborado que culmina en el último episodio de la temporada. Eso sí, aviso a aquellos que quieran verlo que el final deja con ganas de más.


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