8 mar. 2012

Pink Floyd: The wall - Parte II (la película)

Casi desde sus mismos inicios, los Pink Floyd ambicionaron que una película incluyese su música en la banda sonora. Fracasaron en varias intentonas, como la película Tonite let's all make love in London, dirigida en 1967 por Peter Whithead, o Zabriske point, dirigida en 1971 por Michelangelo Antonioni, aunque sí lo consiguieron con los films More, de 1969, y El valle, de 1972, ambos de Barbet Shcroeder. Curiosamente, cuando uno de los grandes nombres de la historia del cine, Stanley Kubrick, les propuso usar su suite Atom heart mother para la película de 1971 La naranja mecánica, la banda se negó aduciendo que repudiaban dicho trabajo y se avergonzaban de él, pese a que fue una de las obras más queridas por sus fans y la causante del inicio de su éxito internacional.


http://www.youtube.com/watch?v=ojOBgoSjBoU

Cómo habría sido La naranja mecánica con los Floyd suplantando al compositor final de su BSO, Walter Carlos


Sin embargo, es en 1982, en los años convulsos de la formación que precederían a la salida de la misma de su líder Roger Waters, donde les llega la oportunidad definitiva: una película enteramente al servicio de su música. Este proyecto, con guión del propio Waters y dirección del también británico Alan Parker, trasladaría básicamente al lenguaje cinematográfico la plástica y el mensaje que el grupo ya había creado con sus espectáculos en vivo de su album The wall. El resultado, llamado Pink Floyd The Wall, aunque de escasa popularidad y un fracaso en taquilla en el momento de su estreno, se ha convertido con el devenir del tiempo en una cinta de culto que cuenta con una incondicional legión de seguidores que claman para convertirla en una de las películas musicales más extrañas y auténticas de la historia del cine.

Parker, que ya había alcanzado éxito y fama internacionales con su película de 1978 El expreso de medianoche, adaptando uno de los primeros guiones del más tarde célebre director Oliver Stone, contaba en el momento de rodar la película con sobrada experiencia en el campo del cine musical: su ópera prima de 1976, Bugsy Malone, y su película Fama de 1980, que dio lugar más tarde a la famosa serie de televisión, lo atestiguaban. Incluso después de The wall seguiría cultivando el género con los musicales The Commitments, de 1991, y Evita, de 1996 (probablemente la mejor adaptación cinematográfica de una obra del famoso compositor de ópera-rock Andrew Lloyd Webber, célebre por su Jesucristo Superstar o su versión pop de El fantasma de la ópera). Sin embargo, para la colaboración con los Floyd, el director decidió dejar de lado todo convencionalismo del género para dar a luz a una película única: desmenuzando el argumento a base de elipsis y momentos oníricos, Parker se niega simplemente a contar una historia, centrándose más en las sensaciones producidas por la pura fuerza de sus imágenes y la música que las acompaña. Altamente simbólica y deudora de la estética del videoclip, la película es un encadenamiento de metáforas en base a un montaje paralelo y de atracciones muy pronunciado, en el que la fotografía ocre y apagada de Peter Biziou ayuda a darle a todo el conjunto un toque de irrealidad de pesadilla.


Sección de la película correspondiente al tema Another brick in the wall (part II) con una clara metáfora visual: la picadora de carne como símil de un sistema educativo represor


Para acentuar dicha sensación de deformación del mundo, la película cuenta con un añadido muy atractivo: las secuencias de animación ideadas por el dibujante Gerald Scarfe, ya usadas por los Floyd en su espectáculo en vivo. Con una técnica muy depurada, los dibujos del artista fluyen, se alteran y mutan en una orgía de texturas superplásticas que contribuyen al acabado final alucinatorio y psicodélico que las imágenes de Parker por sí solas jamás habrían podido conseguir. De hecho, en algunas secuencias animación y fotografía se mezclan, haciendo que las monstruosidades de Scarfe interactúen y aterren a los personajes de carne y hueso.


Sección de la película correspondiente al tema Goodbye blue sky, donde puede apreciarse el trabajo de animación de Gerald Scarfe


La historia, si es que hay algo a lo que se le pueda llamar así en este film, nos narra la vida de Pink, un rockero de éxito: su infancia, dominada por la pérdida de su padre en la II Guerra Mundial, las sobreprotectoras atenciones de su madre y la alienación sufrida en un colegio lleno de profesores crueles y deshumanizados; y también su madurez, donde un matrimonio fallido y una fama que no le reporta nada más que remordimientos hacen que se refugie en la droga, anulando su personalidad y convirtiéndolo en "el Gusano" una especie de monstruoso clon de Hitler. Ésos serán los ladrillos del muro que construya a su alrededor, aislándolo de la realidad del mundo. Cabe destacar, a nivel interpretativo, el soberbio trabajo de los dos actores que se encargan de dar vida al personaje: por un lado, el Pink adulto, encarnado por Bob Geldof en la que sigue siendo su única aparición cinematográfica (ya que su ocupación principal es como músico, siendo por aquél entonces el líder de los Boomtown rats); y por otro, el del actor infantil Kevin McKeon, responsable de un Pink niño creíble y nada empalagoso.


Bob Geldof y su formación, los Boomtown rats, cantando su éxito más famoso, I don't like mondays, inspirado en una matanza estudiantil a manos de un menor en los Estados Unidos de 1979


En cuanto a la banda sonora, qué más se puede decir... toda la potencia del trabajo de los Floyd está concentrada en absoluta simbiosis con las imágenes. Prácticamente todas las canciones del disco The wall aparecen íntegras en la película, con muy escasas excepciones, y para la ocasión la banda incluyó también trabajos inéditos que no habían entrado en dicho disco, y versiones alternativas de ciertas canciones: así, por ejemplo, Empty spaces pasó a llamarse What shall we do now?, revelando una nueva versión que para muchos es incluso superior a la incluida en el disco madre. De hecho, la música del grupo tiene tanto protagonismo que las escenas con diálogo son mínimas, ejemplificando lo que debería ser una auténtica película musical: una unión perfecta entre ojo y oído donde la plasticidad y las sensaciones tienen preponderancia sobre el dramatismo narrativo. Sin embargo, el film no lo abre ninguna composición de los Floyd, lo hace la canción The little boy that Santa Claus forgot de Vera Lynn, intérprete norteamericana a la que hace referencia el tema Vera del disco The wall, también incluido en la película.

Con esta película que hará las delicias tanto de los melómanos como de los cinéfilos más experimentales y bizarros, me despido hasta el siguiente artículo; hasta entonces, buen cine y buen arte, compañeros.

Ernesto

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