20 sept 2011

"Viento" por Shelarin

Como ejemplo de la nueva sección os pongo este ejemplo de la palabra escogida para la semana pasada; viento.
Si el tiempo y las obligaciones nos lo permiten intentaremos escribir un texto cada uno de los redactores del blog, a ver qué os parece.




"Me van a dejar aviado, piensa Ignacio Correas mientras se seca el sudor de la frente con la manga de la camisa.
Mira alrededor y ve a su padrino tumbado en el suelo, más borracho incluso que él mismo.
Póngase algo elegante, Ignacio. No le vayan a dar boleto yendo vestido con esa falta de decoro, le dijo anoche. Estúpido cretino de mierda.
El maldito chaleco le viene pequeño y le aprisiona la barriga y no sabe si es eso, el calor, el vino o los nervios lo que provoca una nueva arcada que consigue disimular. Lo que faltaba, piensa. Echar hasta la comunión y quedar como un novato. Aunque eso, precisamente, es lo que es. Un novato.
Ignacio no se ha batido nunca. Ni ganas. ¿A quién le gusta arriesgar el pellejo? Y sin embargo se ve en ésas. Un duelo de espada por el honor, el qué dirán y otras cuantas tonterías provocado por palabras dichas más por el influjo del vino que por la razón.
Mira Ignacio a su oponente y se le cae el mundo encima. Buena planta y apariencia tranquila bajo el jubón de ante. El sirviente que le sostiene espada y vaina mientras el señor marqués se ajusta los guantes. Marqués. Ni más ni menos.
Hay que ser gilipollas, se dice mientras lucha contra el coleto para airear los sobacos empapados en sudor. Y lo peor es que no me acuerdo ni de lo que le dije.
Los efluvios del vino todavía perduran. El parco equilibrio, dolores de cabeza y una incómoda presión encima de los ojos son malos compañeros para mover las manos. Y sobretodo si en ello te va la gorja, reflexiona.
Quizá no sea tan grave después de todo, se dice. Lo mismo no quiere llegar hasta el final. Aunque no tiene pinta. Los movimientos del marqués son lentos y tranquilos, rutinarios. Como si estuviera acostumbrado a ajustarse las botas antes de matar a un hombre.
Ese último pensamiento da al traste con los intentos de Ignacio de tranquilizarse y por un momento o dos piensa en tirar la espada lejos y correr. Pero no lo hace. Se queda quieto y no lanza el acero, para cuando tenga que devolverlo. La cosa está tan jodida que ni espada en condiciones puede llevar, el pobre diablo.
Vuelve a secarse el sudor de la frente para limpiar los ojos cuando llega a la conclusión de que daría un dedo por un soplo de viento. Uno de la mano izquierda, a poder ser. Que los de la derecha los va a necesitar sanos dentro de un rato. Una corriente de aire que le ponga el cuerpo en su sitio.
Una voz le llega altiva. Que si está el señor listo, pregunta el sirviente del marqués. E Ignacio encoge los hombros y murmura resignado que más le vale estarlo."

Os esperamos la próxima semana si os animáis. La palabra escogida es artesanía, elección de Alapont.

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